Y no podía ser de otra manera porque el gobierno colombiano ha presentado esta firma de la paz como una capitulación de la guerrilla, es decir, como una victoria sobre la insurgencia comunista. Si el muro de Berlín cayó en 1989 los acuerdos de la Habana también marcan una nueva caída. La guerrilla acorralada por los severos golpes militares no ha tenido más remedio que sentarse en la mesa de negociaciones. Ahora Juan Manuel Santos va a ser elevado a la categoría de héroe de la patria por los siglos de los siglos. Allí en lo alto del parnaso brillará con luz propia junto a Bolívar, Santander, Sucre o San Martín. El gran Juan Manuel Santos,  jefe de las fuerzas armadas  ha alcanzado la victoria en el campo de batalla. Loado sea su nombre y que el sagrado Corazón de Jesús bendiga al pacificador de Colombia.

Y es así como el carnicero de Sucumbíos, uno de los planificadores de la política de Seguridad Democrática junto al expresidente Uribe Vélez, va a ser proclamado premio Nobel de la Paz. En letras de oro quedará grabado su nombre en los anales de la historia: el excelentísimo señor doctor Juan Manuel Santos presidente de la república y nuevo Gandhi planetario. El honroso título que tanto soñaba para satisfacer su egolatría y vanidad.

La firma de los acuerdos de Paz y el referéndum para ratificar los acuerdos de la Habana  son fechas impuestas por el gobierno para que coincidan con las deliberaciones del comité del Nobel en Noruega. Porque estamos en las vísperas de elegir los candidatos para recibir tan importante galardón.  El veredicto definitivo se conocerá a mediados del mes de octubre y el premio será entregado en una pomposa ceremonia el 10 de diciembre en Oslo.

Juan Manuel Santos es hijo de unas familias más reaccionarias de la oligarquía colombiana. Este honorable descendiente de  mantuanos o chapetones se ha distinguido por brindarle los más altos servicios a la nación. Un singular prontuario criminal que pesa sobre sus espaldas: bombardeos, masacres, falsos positivos, terrorismo de estado,  genocidio, desapariciones, torturas, desplazamiento forzado.  Delitos de lesa humanidad cometidos durante el período en el que él era  Ministros de la Guerra y luego como presidente de la república.

Resulta que a este sanguinario santito también lo elevarán a los altares como patrono de la santa muerte. Nada menos y nada más que el más importante aliado en América Latina del sionismo internacional y, por ende, cómplice del holocausto palestino. Juan Manuel Santos recibirá con toda seguridad el Nobel de la Paz igual que en su día lo obtuviera el Presidente de EE.UU Obama por sus inestimables servicios prestados a favor de la “paz mundial”  invadiendo países, arrasando pueblos y aniquilando enemigos en nombre de la libertad y la democracia.

Colombia desde hace décadas ha sido víctima de una espantosa agresión militar  promovida por el imperialismo norteamericano en su afán por dominar el corazón del continente. Gracias a los buenos oficios de tantos presidentes traidores, de tantos políticos corruptos, de tantos narcotraficantes, sicarios y paramilitares han conseguido materializar sus maquiavélicos planes.

Ahora ceñirán  con coronas de laurel las sienes de aquellos matarifes, de aquellos diabólicos descuartizadores de las motosierras, de los macabros escuadrones de la muerte que se impusieron a sangre y fuego.  La santa madre iglesia bendice la asunción a los cielos del presidente Santos; el Papa Francisco concelebrará un  gran Te Deum solemne en su honor.  El comandante supremo Hugo Chávez ya dijo antes de morir que había que renunciar a la lucha armada, que hoy la revolución debe hacerse a través de Twitter. El Comandante Fidel Castro ha dado la orden de romper filas y apostar por integrase en la democracia burguesa.  Se acabó el ¡patria o muerte! como tantas veces lo gritó en sus exaltados discursos. Cuba reestablece relaciones con EE.UU.  Obama visita la Habana y estrechas las manos de Raúl Castro en un gesto conciliador. Definitivamente ha terminado la guerra fría. Los grupos subversivos deben desaparecer del mapa. Es la hora  del amor, de la paz y de la amistad.

Cuánta sangre derramada en vano en nombre de un noble ideal, en nombre de la justicia y la libertad de nuestros pueblos.

Pero esta águila negra disfrazada de paloma seguirá vomitando plomo. Entonces las inocentes ovejitas caerán en sus garras y ya será demasiado tarde para arrepentirse.

Carlos de Urabá 2016

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