Me cuesta empezar con una cita de la UNRWA, pero el frio lenguaje institucional puede darnos una buena imagen de lo que estamos hablando: ”

La población palestina conmemora la “Nakba” – la catástrofe – el 15 de mayo, fecha en la que se creó el Estado de Israel. Miles de palestinos tuvieron que huir, emprender el éxodo y perder sus hogares y tierras, todo ello como consecuencia de la guerra árabe-israelí de 1948. A partir de entonces más de 700.000 personas pasaron a ser refugiados de Palestina.

Según UNRWA son refugiados de Palestina las “personas cuyo lugar de residencia habitual, entre junio de 1946 y mayo de 1948, era la Palestina histórica – o lo que es hoy el actual estado de Israel- y que perdieron sus casas y medios de vida como consecuencia de la guerra. Los descendientes de esta población son también considerados refugiados por la Agencia”.

Aproximadamente una cuarta parte de la población refugiada del mundo es Palestina. En la actualidad los registros de la UNRWA cuentan con más de 5 millones de refugiados de Palestina que, de alguna manera, siguen esperando con anhelo el regreso a sus hogares y el reconocimiento de su trágica historia. Una espera interminable dado que Israel ni reconoce su estatus, ni permite su retorno y además mantiene militarmente ocupado el territorio palestino.”

Dejemos de lado diferencias religiosas, que no son causa de esta guerra. Olvidemos orígenes geográficos o étnicos, no son causa de esta guerra.

Se dividió un territorio en el que la gente convivía para crear unestado artificial que diera salida a intereses políticos de algunos. Y para ello se consideró válido robar tierras, confinar personas y crear muros físicos y cotidianos.

¡A quien le puede extrañar que un pueblo reclame seguir viviendo libre en las tierras que pisaron sus abuelos*?

¡Viva Palestina Libre! No a las cárceles, de piedra, de reja o de papel.

(*) Hablamos de hace 70 años, no del siglo XIII.

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