Colombia: EL PARO NO PARA.

24/11/2019

Luego de la festiva marcha del Paro Nacional el 21 N y el rítmico cacerolazo espontáneo en la noche contra el toque de queda y las mentiras y la sordera del señor subpresidente, el paro no para. La indignación festiva y musical del cacerolazo sigue y desde hace dos noches resuena por doquier en la ciudad y en todo el país. Anoche en Bogotá, como antenoche en Cali, los gobiernos locales, la cúpula militar y el gobierno nacional, buscan convertir esta alegre indignación ciudadana en pánico colectivo: con los vándalos que, semejantes a los grupos que prometió el tal Patriota, llegan a los barrios, como esos de un video en Cali y otro en Bogotá, en camiones de la policía, a aterrorizar a las familias en las unidades residenciales de la clase media y de la gente trabajadora… Un pánico planificado, que empezó con el toque de queda en Cali la noche del 21N y se repitió en Bogotá ayer. Ese anuncio oficial, con la falta de transporte, en buena parte organizada e inducida por la siembra del pánico colectivo, obligó a la ciudadanía ir a sus casas a pie, caminar horas, fatigada, y ya temerosa por los rumores de saqueos y por el discurso alarmista de los alcaldes y los comandantes de policía anunciando el toque de queda. Y al llegar cada quien a casa, sumarse al miedo de los vecinos porque hay vándalos entrando a las unidades residenciales. Los teléfonos de emergencia de la policía no responden. Y apurarse a actuar al oír que los vándalos ya llegan, que están al lado. Hay que defenderse como fuese: con palos, con cuchillos, con lo que sea. Hay que organizar guardias para cuidar la vida y la familia. En varios barrios se oyeron detonaciones, disparos, algunos, según los vecinos del Policarpa, hechos por la misma policía. Terror inducido. Pánico. Premeditada acción psicológica de siembra del terror colectivo para cambiar la indignación y la protesta en miedo e incertidumbre, en inseguridad, en rabia desolada. Llaman y llaman y no atiende ninguna autoridad. Igual han hecho en Chile. Y en Bolivia. La comunidad en manos de bandas que simultáneamente actúan por toda la ciudad. Impunemente. Al mismo tiempo. ¿Y no hay un sólo detenido? Ni uno. Sólo los que en algunas unidades residenciales la gente retuvo, venezolanos, dicen, que recibieron cincuenta mil pesos para atacar las unidades residenciales. Llaman de nuevo. Pero no pasa nada. Nadie vino. Llegaron, sí, cual salvadores, a las dos de la mañana, a algunos barrios populares del sur de Bogotá (como lo hicieran en Cali), grupos de la policía y del ejército. Y la comunidad, ya desesperada, les aplaudió. Temprano, hicieron circular por redes sociales digitales mensajes de pánico: que grupos de cubanos y venezolanos y de guerrilleros entrenados aprovecharían el paro convocado por la izquierda para saquear casas y destruir la ciudad y nuestra democracia. El señor Uribe, verdadero jefe del gobierno, y la señora encomendera María Fernanda Cabal, son algunos de los que difundieron el miedo e instaron a la comunidad a armarse. Todo un cuidado y organizado trabajo psicológico de shock, una acción de guerra psicológica… Para convertir la indignación en delirio paranoide paramilitar… Pero tampoco esto lo conseguirán. Porque es evidente el torcido montaje que han hecho. Como fue evidente -pero consiguieron lo contrario- el intento de sembrar miedo, de atemorizar a la ciudadanía antes del histórico 21N, el día del Paro Nacional y de la marcha más multitudinaria y feliz que ha vivido nuestro atormentado país. Y el histórico feliz cacerolazo de la noche. Una marcha de la indignación festiva y solidaria. De la alegría en la insumisión. Un masivo y lúcido despertar contra tanta muerte: van mas de 600 líderes y lideresas asesinados: un lento y calculado genocidio. Más de 120 indígenas: un doloroso etnocidio. Más de 170 exguerrilleros firmantes del acuerdo de Paz, como si las élites sangrientas quisieran hundirnos en la repetición del ciclo de traiciones que nos impide salir de la guerra. Matar de nuevo a Guadalupe Salcedo. Ya basta de tanta muerte, ha dicho la marcha. Paz. No más niños asesinados, ni en los mal llamados falsos positivos para mostrar resultados y llenar las estadísticas del conteo de muertos del body count; ni mas niños muertos en bombardeos a campamentos de insurrectos donde han sido llevados o por la fuerza o por las circunstancias. 18 niños fueron asesinados por el ejército recientemente en un infame bombardeo. Si el helicóptero halcón de la policía puede identificarnos en la marcha ¿por qué no identifica a los niños antes del bombardeo? decía un cartel de un joven en la marcha. Intentar ocultar esa masacre de 18 niños, esa atrocidad del ejército, le costó al inepto anterior ministro de Guerra la renuncia. Pero de nada les servirá ya a estos gobernantes violentos e ineptos aunar todas las formas del terror estatal para detener el deseo ciudadano de cambio. Porque ya no aguanta más tanta muerte ante nuestros ojos. Ni tanta injusticia económica: los más ricos no pagan o cada vez pagan menos impuestos, mientras crece la carga impositiva sobre la común ciudadanía, dizque para estimular el empleo y que crezca la economía; el gobierno y los gremios económicos -los más ricos- empeñados en pagarle a los mas jóvenes 25% menos del salario mínimo dizque para estimular el empleo. Y los banqueros empeñados en apoderarse del ahorro de las pensiones y de las cesantías de quienes trabajamos: que se pensionen con lo que ahorran, ha dicho el cínico ministro de Hacienda. Mismo que miente -contra toda las evidencias estadísticas- al alegar por los micrófonos que este es el país dónde los más ricos pagan más impuestos… La gente común se cansó. La clase media se cansó. Como coreamos en las calles en la marcha y en los cacerolazos en los barrios: Se cansó Colombia , se cansó!!! Sigue, viene, la noche de las antorchas y las cacerolas, la ciclovía caceroliada. El Paro no para!!! Carlos Satizabal.

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